Muchos líderes no se dan cuenta de lo valiosa que es una persona… hasta que se va. Y para entonces, ya es tarde.
Cuando pierdes a tu mejor talento, no solo estás perdiendo a un colaborador. Estás perdiendo conocimiento, confianza, cultura. A veces, incluso relaciones con clientes clave. Y todo eso cuesta. Cuesta en dinero, en tiempo, en reputación.
En una empresa de servicios financieros que asesoramos, la salida de un gerente clave paralizó tres proyectos, desmotivó al equipo y generó una cadena de renuncias que tomó meses estabilizar. Todo porque nunca se construyó con él una ruta de desarrollo clara, ni se habló de sus frustraciones. Se asumió que estaba bien… hasta que dejó de estarlo.
¿Qué puedes hacer como líder para evitarlo?
- Identifica quiénes son tus talentos críticos. Pregúntate: si esta persona se fuera mañana, ¿cuánto afectaría al negocio?
- Haz conversaciones 1:1 reales, no solo evaluaciones de desempeño. Pregunta qué le motiva, qué le frustra, hacia dónde quiere crecer.
- Diseña microplanes de desarrollo. No necesitan ser programas enormes: a veces una nueva responsabilidad, un proyecto estratégico o un curso clave puede marcar la diferencia.
- Reconoce públicamente el valor que aportan. Lo que no se reconoce, se devalúa. Y lo que se devalúa, se va.
Perder talento clave no es solo un tema de sueldos. Es un tema de liderazgo, conexión y visión compartida. Las personas se quedan donde sienten que pueden crecer y ser escuchadas. Si tú no les das ese espacio, alguien más lo hará.